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Julio 27, 2007

A veces soy una pileta de natación. En casa de familia.
Azulejada, bien espejada. La luna y el sol la tocan.
Esa pileta que no busca nada.

Escribo adentro de la casa, ahora.
Espero a Pauline F. Hay torta y helado y café, sobre la mesa.
Hablaremos sobre el dibujo y cosas parecidas.

A los 13 años me sentaba en la puerta de mi casa, la casa con ojos,para ver pasar a un muchacho manejando un citroen.
Era costumbre despues de comer, como a las 14, que me iba a la puerta, a saltar un ratito. Y así fui viendo que cada día a esa misma hora pasaba el citroen con el muchacho.
El tendría 27 o 28 años, barba, una boina de cuero y ojos muy fijos.
Yo vivía por Uriarte y él, Agrelo casi Uriarte. No sabía su nombre, ni que hacía. Un día en mi casa compraron la revista Boon, y allí estaba él. Un nota, con fotos tal cual yo lo veía desde el auto.
Es que se dedicaba a dibujar, al humor y a escribir.
Todo mi fascinación por este hombre se acrecentó, sabiendo estos dato.
El es Roberto Fontanarrosa.

Despues qué pasó, tengo amnesia.
Podría asegurar que fue mi primer enamoramiento. A los 20 lo encontré en El Cairo. Me cortaba la respiración mirarlo.
Con los años compartí alguna mesa en El Cairo o en La Sede, alguna charla furtiva. Siempre con sus ojos fijos, su rapidez mental y sexy, muy sexy.
La mañana que decidí separarme de mi marido, esa noche yo había soñado con Roberto Fontanarrosa.

Negro, el Club del dibujo te aplaude largamente.

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Julio 15, 2007


Me llamo Claudia, y vivo en el río.
Huérfana. Allí me abandonaron. En el cauce de los pies
del río.

No quiero acumular intenciones, Novela.
Cara de Novela.

A mi amiga Mariana Vidal.
Antes que llueva, saqué un kilo cien de quinotos o quinquá.
Hice el almíbar. Mientras veo la tele, por la tarde, los pincharé uno por uno.
Convertidos en confituras, y junto con quesillo, los sirvo en el Hotel. Es uno de los postres más requeridos, junto con las limas con quesillo, mangos con quesillo.
Es postre de la pampa, en este momento me encuentro en la provincia de Santa Fe, Argentina.

Aquel camalote que en el verano salvé de la sequía, en casa se repuso. Pero en estos días veo que el invierno lo ha opacado.

Hace algunos día volví a dibujar sobre los pliegos de papel de arroz con tinta. No hay capa posible. No puedo volver sobre mis pasos.
Sí, puedo girar el rumbo de lo que comienza de una manera.

Me gusta esa relación implacable. Medir cada movimiento, es el jaque de los materiales. Es el tercer pliego que termino mostrándolo de la parte de atras. La tinta se comporta tiñiendo el papel, y al darla vuelta, una leve distancia acontece.