Cabecitas y Calaveras
Marzo 28, 2008
B. me regaló una caja de Galletas de la Fortuna, traídas de San Francisco. Parecían moverse solas. Pero porqué ellas harían eso, y tan lentamente se vió fraguar el movimiento.
Aleteaban. Me incomodaron esos capullos de las Fortune Cookies. Sospeché cuando encontré en el celofán un agujerito en cada orificio nasal.
Una tijera me ayudó. Entonces allí estaba la masa que indicaba por donde empezar a morder. Si las abro no puedo volver a tenerlas. Quiero tenerlas abiertas y cerradas a la vez. La caja trae un docena: una semana y cinco días. Hoy es día de marzo y toca la primera.
Dice:
Te debemos un año sabático.
Firmado: Universidad Nacional de Rosario.
Entonces es cierto.
Dime Galleta:
¿Cuándo tomo al año sabático?
Claudia: Puedes tomarlo desde agosto de 2008.Oh, Entonces es cierto!
Me dedicaré a: la Escuela Lenta de Dibujantes.
A fabricar las guirnaldas de Cabecitas y Calaveras
3 de marzo de 2008
CRÓNICA DE MI ESTADÍA EN RUSA VERANO
Eloísa Oliva
Llego a Rosario. Claudia Del Río espera en el andén de la estación.
Bajo la colosal mochila, que, sin embargo, y según mis estándares, será insuficiente.
Tomamos un taxi hacia el barrio Alberdi (zona de balnearios, es todo lo que sé).
Una de las primeras cosas que veo es un colectivo de nombre Serodino: parece un desafío, o un apunte recordatorio, vengo a escribir y me recibe el nombre del pueblo de Saer. Llegamos a una casa agradable en un barrio agradable. Es una bienvenida cálida y cordial. Hay un olor que impregna los ambientes, más adelante sabré que es trementina.
Hay también muebles silenciosos y un “jardín perfumado” como se anunciaba en la convocatoria. Esta será, al menos para mí, una aventura singular.
Mi cuarto por estos días tiene una cama cómoda, un tablero, una mecedora. Sobre el tablero hay un mapa de Rosario con una lupa, tarjetas de los museos, y dos ejemplares de Transatlántico, la publicación del Parque de España. Se me ofrece usar la biblioteca y Claudia me da hojas de color violeta para marcar el hueco que deje entre los libros, un gran sistema que ella acaba de aprender en una residencia en España y que pienso aplicar también apenas vuelva. También se me ofrece que trabaje en el lugar de la casa que más cómodo me quede, pero, como aprendí en el curso del año que pasó, necesito un espacio chico, sentir cerca el techo y la pared, así que el tablero es un espacio ideal.
Claudia me prepara un plato de comida, después duermo una siesta y al levantarme salgo a fumar un cigarrillo a un patio cargado de flores y de árboles, con el taller al fondo, y un nido de hornero delicadamente apoyado en el borde de una ventana.
A esta altura ya conocí a las otras dos habitantes de la casa: Lucía, hija de Claudia, estudia Ciencia Política y hace fotografía; Rita, una perra extremadamente juvenil y atlética para los diez años que lleva. Así pasa el primer día.
Luego me voy a ir entregando alegremente a la vida cotidiana de este hogar, voy a descubrir el río (¡que río!), asistir a una velada del Club del Dibujo, intentar ser lo menos pesada posible, y trabajar, intensamente en mi escritura.
La generosidad de esta casa hace que sienta un desfasaje: ¡yo no lo merezco! Sin embargo fui elegida para estar acá, y entonces, trato de cumplir honestamente con mi parte, lo cual, por otro lado, es un privilegio: extraerme de mi rutina doméstica, urbana y laboral, para regalarme esta “pequeña vacación literaria”. Los días pasan entre el tablero y el patio, y es un tiempo de afinar, de buscar la palabra justa aquí y allá donde la escritura se volvió difícil, poco natural, examinar todas las evocaciones de una frase, afirmarlas o descartarlas, volver presente algo que era pasado, o pasado algo que era futuro. Repetir hasta el cansancio la lectura revisando el sentido, la música de lenguaje, el ajuste del detalle: si acá un pronombre o un artículo, si una palabra de tres o de dos sílabas, si terminar un verso en una aguda o una esdrújula, cómo suena toda esa masa de vocales y consonantes que salieron de mi mano a lo largo de dos años.
Una tarde decido que ya casi, y Claudia escucha en el patio. Me pone muy contenta que le guste. También me junto con Beatriz Vignoli, que accede a revisar mi libro, así que finalmente en su casa, le ponemos orden a los poemas, siguiendo la intensidad y extensión de cada uno.
El libro está cerrado, excepto por una palabra. Una palabra que me va a desvelar, porque en revisarla se me va revisar mi historia personal y la historia política ya no tan reciente, o al menos tan vieja como yo, de este país. Finalmente le encuentro solución y ahora sí, a días de que RUSA Verano concluya, entre las lluvias que anuncian también el fin de la estación, 1027 parece estar listo para seguir su derrotero en busca de publicación.
El cierre lo da la lectura que en gran parte organiza Claudia, la lectura bisiesta, primera del año poético rosarino, en el piso 7 del macro. Mercedes Gómez de la Cruz, Beatriz Vignoli y yo, alternando poemas. Al final hay bastante gente y aplausos, y una comida en el Bar Davis, frente a un Paraná nocturno que brilla.
Me guardo un puñado de valiosas conversaciones, recorridos por la ciudad y el río, y un nuevo espacio inaugurado en el mapa inagotable de la amistad.
Y la certeza de un tiempo aprovechado: un libro finalmente listo.
Eloísa Oliva es poeta y editora. Ha publicado Humus. Vive y trabaja en la ciudad de Córdoba.
Obtuvo la primera edición de RUSA Verano, Residencia para 1Solo Artista, pensada y producida por Claudia del Río.
quién morderá la masa primero
Marzo 6, 2008
La fatalidad, me elige.
Todas tenemos el agua hasta las pantorillas.
Somos nueve en este momento. Las piernas largas y coincidentemente flacas. Con el agua hasta las pantorillas se ven muy bien. Muy bien medias.
Les digo a mis amigas que no hace falta que expliquen. Me dejas en el suspenso. Hay una cierta coreografía, bastante marcada en realidad. Si el agua hasta las pantorillas, es esa vertical inquietante y de a pares. Algunas piernas lastimadas.
La diagonal de la caña de pescar es la cota más importante, y vuelta a la vertical que cae en patito de agua.
Pescar es estar muy quieto dice el respaldar de las camas de las Escuelas.
Las sillas de madera dicen: dibujar es estar muy quieto.
Letra palo seco y calada.
Y Bob diciéndome lo que más te cuesta, chica, es lo que más tenes que hacer.. Porqué creerle esta vez, si siempre le creo.
El nadador llamó a Bob para preparar la escena de Mechita Gómez de la Cruz. Están trabajando en los dibujos. M. dicta y el nadador traslada. Pero la escena es muy grande. Los dibujos se están haciendo en el patio de cemento. Con tiza. Tamaño apropiado, en dimensión real. Mechita estará y leerá dentro de una Fortune Cookie. Galleta de la fortuna. La masa la están preparando según una antigua receta de Makato de Kanton.
Dice así:
Receta para 9 galletas amadas o Fortune Cookie:
125 gr. harina
40 gr. azúcar moreno
1/4 cucharadita anís molido
2 clavos molidos
Sal
1 huevo
1 cucharada aceite
1/2 l. aceite para freir
Mezclar la harina con el azúcar, el clavo, el anís y sal. Añadir el aceite y huevo mientras trabajamos la masa hasta que se forme una bola.
Repartir un poco de harina sobre una mesa, y con un rodillo extendemos la masa hasta obtener una placa fina y cuadrada.
Con un cuchillo cortamos la placa en 9 cuadrados de igual tamaño, y ponemos un papel con nuestro deseo encima de cada trozo.
Recoje las esquinas de cada galleta, presiona ligeramente las puntas. Ten cuidado de no aplastar la parte del centro.
Calienta el aceite, y fríe las galletas de la suerte hasta que estén doradas (unos 5 minutos).
Escurrir bien.
Ahora habrá una adaptación gigante, pues la escritora estará alli adentro. El equipo de sonido para que Mercedes y su voz salgan estará implementado en forma individual. Oh! entonces habrá mucho cable que va y viene.
Ha desatado intrigas. Quién morderá la masa primero.
