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Esto que sigue mandó Mario g. el 22 de marzo de 2004

“Sin duda, a veces se encuentran muchachas. Pues en los museos hay una multitud de muchachas salidas de casas que ya no pueden contenerlas. Se encuentran frente a los tapices y logran olvidar un poco. Siempre han sentido que esto debió ser real alguna vez, una vida tenue que se ha ido apagando lentamente y cuyas expresiones nunca fueron por completo esclarecidas; y recuerdan oscuramente que incluso ellas, durante algún tiempo, creyeron que así sería su vida. Pero enseguida sacan un cuaderno y comienzan a dibujar, no importa qué: una de las flores o un pequeño animal regocijado. No importa qué, ya lo tienen indicado. Y, en realidad, importa muy poco. La cuestión es dibujar, pues para esto han salido un día de sus casas, de un modo bastante violento. Ellas son de buena familia. Pero ahora, cuando levantan los brazos para dibujar, resulta que su vestido no está abrochado en la espalda, o por lo menos no lo está por completo. Hay allí algunos botones que no se han podido abrochar. Pues cuando éste fue hecho, nadie podía imaginar que ellas habrían de irse un día, completamente solas. En las familias hay siempre alguien que abrocha los botones. Pero aquí, Dios mío, ¿quién va a ocuparse de eso en una ciudad tan grande? Habría que tener una amiga, pero las amigas están en la misma situación, y entonces tendrían que terminar por abrocharse los vestidos las unas a las otras. Esto sería ridículo y haría recordar a la familia que no se quiere recordar.
No obstante, es inevitable preguntarse, dibujando, si no habría sido posible quedarse en casa. Si se hubiera podido ser piadosa, resueltamente piadosa, yendo al mismo ritmo que los demás. Pero parece tan aburrido intentar lo común. El camino, no sé cómo, se ha estrechado: las familias ya no pueden ir a Dios. No quedan, pues, más que distintos objetos que pueden repartirse según las necesidades. Pero, por más honradamente que se hiciera, quedaría tan poco para cada uno que daría vergüenza. Y si se engaña a los otros al dividir, entonces surgirían controversias. No, realmente es mejor dibujar, no importa qué. Con el tiempo la semejanza aparecerá por sí misma. Y el arte, cuando se lo adquiere así, paulatinamente, es en verdad algo envidiable. ”

…nada hay en el mundo que se pueda imaginar, ni lo más insignificante. Todo se compone de tantos detalles singulares, imposibles de prever… Al imaginar, se pasa sobre ellos y, apurado como uno está, no se nota que faltan. Pero las realidades son lentas e indescriptiblemente detalladas. del libro Los cuadernos de Malte Laurids Brigge, de Rainer Maria Rilke.

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