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El agua de la pileta llegó al río.
Anoche. En el hotel habia sólo 5 pasajeros. Los alemanes, Harm y su banda. Tocan lindo, ellos. Nos pusimos irascibles. El tiempo iba de adelante para atrás. No sólo el tiempo, cuando el alemán quiso cocinar los movimientos iban de adelante para atrás. Estabámos comiendo y la comida se nos caía porque volvía a las cacerolas. Fue un desastre para ellos. Yo me reía, viendo volar utensilios y esas especies de vómitos involuntarios. Que no lo eran.

Del nadador no se sabe nada, y por fin, tuvimos noticias del andador. LLegó con un libro de regalo. Cartas de amor a Lili Brik (1917-1930), de Vladimir Maiakovski, Ediciones de la Flor. Me hace un respingo amoroso. Es que fueron escritas cuando yo era chico, y estaba en la pequeña ciudad. El viejo era director de escuela, yo lo ayudaba mucho. Con 11 años tenía un pequelo curso a cargo. Conozco tan bien! los pizarrones. Los verdes pizarrones de Morteros. Doña Barbarina era alta. Tan querida. Mi madre querida.
Lili y Vladimir, se llaman Gata y Cahorro. Bellos dibujos acompañan las cartas. La carta es el género del amor.

Escribe! Escribe! Escribe!
Inmediatamente.

Qué sedentaria se hizo mi familia, y yo junto a ellos.
Espasmódica pasión del poeta.

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