Con otra cara momentánea

El nadador está trabajando duro en su cuarto. LLeva días encerrado. Pide delivery de comida. Dice que es el único modo de hacer lo que debe hacer, si se concentra y no ve personas, ni animales, ni plantas, ni palas, ni flores.
Ha programado 2 meses trabajando sobre la Colección. Llevamos caballetes, improvisamos mesas, lo importante es que estuvieran limpias. Ahora toda la Colección está en su cuarto, desplegada en las mesas, sobre la cama y marcos sobre el piso.
Está haciendo una versión de cada dibujo en tamaño A3 y sólo con línea, con una tinta que consiguió en el mercado. Hay dibujos que tienen 3 centímetros y otros de 1 metro y medio, ahora quedarán A3 y las traducciones formales, de manchas o planos de color, se verán de línea de borde.
Cuando sale, sólo lo hace para ir a la pileta.
El nadador es una persona solitaria, dibuja para estar solo, y guardar su propia intimidad en las hojas.
Es una observación arbitraria. Es la que puedo hacer cuando deja entreabierta su puerta. Me exaspera esa alimentación tan desesperada. Pero no quiere someterse al menú.
Le hice una linda careta de papel. Es de un personaje de los de Max. Sencilla. Apenas, una vil fotocopia de una figurita que repartiera en Ross. Max las repartía a mano, con esa unción que es hábito en él.
Con otra cara momentánea, la vida le cambiará, pues somos lo que el destino de nuestra cara nos señala. Vaya optimismo el mío. Es una comprobación que vengo haciendo hace años. La hago justamente a través del dibujo. Tamaña comprobación.
Otra cara que no gesticule, porque lo peor del nadador es esa gesticulación insistente, que a mí me incomoda. Es insistente pero demorada, llega en retardo. No sé para donde mirar. Pues él tiene un cuello rotativo, que parece controlar los 400 º a la vez.

Me hace decirle____ Enséñame algo.
Y te enseña todo a la vez, y todo el tiempo.
El problema somos nosotros, los que lo acompañamos, no podemos seguirle el tren.
Dicen los paramédicos que eso es don de ubicuidad, una fobia del siglo XXI. No se deja atender por médicos. Y si la careta de papel, fuera un unguento que puesto tantas horas por día, lo terminara por curar.
Si digo curar es que estoy pensando en enfermedad. LLevar 3500 dibujos, absolutamente dispares:
de estilos, técnicas, tamaños, intenciones, nombres
a línea con tinta en tamaño A4.
Preciosa tarea.

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