Pocas noticias del norte, cierta depresión.

No es la vista quien me dice de la profundidad de la noche,
son las chicharras,
más los grillos
son las chicharras,
más los grillos
que cantando y puestos en tantos planos.
Y los escucho más suave y más fuerte y ensordecedores, chillan chillan, hasta despanzurrarse. Despanzurrarse con felicidad.
Como aquella siesta en casa de Cacho, que fue Cacho quién la vivió, en una tal Villa no se cuanto, en el Chaco casi Formosa. Ellos, que son novios, se tapan los oídos. Aprietan los ojos. Algunos se veían felices, pensando alguien que los representa, siempre es alguien.

Otros con la exitación del dibujo. Que es suave.

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