Me respiré un dibujo

Una tarde del año 1564 una tempestad extraordinariamente fuerte derribó un enorme árbol cerca del poblado de Borrowdale, Inglaterra. Quedando expuestas sus raíces pudo verse una extraña masa de cierta sustancia negra de aspecto mineral, desconocida hasta entonces: era una veta de plombagina. Fue el grafito más puro encontrado en ese país y posiblemente en el mundo entero.
Los pastores de los alrededores comenzaron a usar pedazos de este material para marcar sus ovejas. Y otros los partieron en forma de varitas, que luego vendían en Londres bajo el nombre de “piedras de marcar”. Pero estas varitas se rompían fácilmente y manchaban las manos. Entonces un señor enredó un cordón alrededor y a lo largo de la barra de grafito para ir quitándolo a medida que se gastaba. Y así han pasado los días y el grafito en todos sus estados: del polvo al portaminas, es entusiasmo de los dibujantes y no dibujantes.

El caso que nos ocupa hoy, encierra muchas escenas dentro de escenas. Muchos tiempos dentro de tiempos. Un caso más de la forma del pensamiento.

perpetrar
tr. Cometer o consumar un acto delictivo:
perpetrar un crimen.

perpetuar
tr. Hacer perpetua o duradera una cosa:
perpetuar el apellido.

Si alguna vez lo dibujado fueron cosas nombrables, o si alguna vez alguien nombró por primera vez, o si alguna vez fueron cosas desconocidas, que las palabras no alcanzan a la correspondencia, entonces le cabe no correspondencia. Es el mismo material del pensamiento.

Seguramente quien dibuja para enterrar secretos, se llame dibujante o se llama escritor. Y siempre en la esperanza de ser apenas intuido.
Dibuja para conocer, dibuja para perturbarse en un estado que saben las horas y la persistencia adonde lo llevan. Estoy hablando de Joaquín.
Conocí sus dibujos hace algunos años. Muy concentrado en la escala, ellos se fueron cargando de un depósito de grafito. Y la forma obtuvo el peso de la grasa, grasa estaño madera goma, es el peso.

Es el peso del grafito y del secreto.
Dos palabras vienen a mi, perpetrar y perpetuar.

Y una vez más es el artista cometiendo un secreto, una escena bien guardada, un documento de alguna clase de amor. Es el peso de la escena que nos mira. Es la impresión del peso. Esta grasa…. esta grasa…. la materia se enciende y da lugar a la infra representación. ¿Será que templar el material es fruta de largo alcance?
Pocas palabras, la impresión de frotar encendiendo el grafito que vuelve graso el aire, no hay aire. Hay ahogos, cuantas respiraciones necesitó Joaquín para perpetrar esta escena.
Dibujos que se respiran, que quiero oler, me respiré un dibujo, quizás alguien diga.
Claudia del Río

Escrito para Joaquin Boz, y su muestra en la Galería Jardín Oculto de la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Mayo 2011

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